Se dio la mayor remontada europea

Hace apenas unos días comentabamos el partido, o mejor dicho, la guerra por la que tenía que pasar el Barcelona para llegar a cuartos de final de esta edición de Champions League 2017.
Y así fue, una guerra que por un gol de Cavani se convirtió en algo mucho más épico de lo que podía ser.

Todo parecía ganado, 3-0 y 30 minutos por delante para conseguir un gol que forzara la prórroga, 2 para pasar directamente, pero faltaba un uruguayo por marcar en este partido y Luis Suarez ya había hecho su gol, llegó el de Cavani.
En este momento el Barça necesitaba 3 goles, ya no había opción de prórroga y todo se tornaba oscuro para los culés, lo habían tenido en la mano y de repente estaba todo perdido.

Si no estaba siendo el partido de Messi, el cual se decía que tenía que hacer el partido de su vida para poder pasar de ronda, a partir de este momento desapareció por completo del partido.

Pero había un jugador que nunca se da por vencido, que su fe está por encima de todas las cosas y que pese a las críticas siempre ha aparecido en los momentos más complicados; Neymar.
El astro brasileño se cargó el equipo a la espalda, y es que tenía que cumplir una promesa que hizo a sus amigos: esta noche marcaría 2 goles.

El problema era que un solo jugador no puede hacer mucho contra 11 defendiendo, por si fuera poco, ya era el minuto 88.
Una falta sin sentido, en una jugada sin peligro, le dio el primero a Neymar, una falta que él mismo provocó y a la que Messi ni se acercó. No podría lanzarse de mejor forma, imposible de detener para el portero.

Daba igual realmente, faltaban 2 goles más y ya entraba el descuento. Pero algunos jugadores despertaron… 2 goles ya no eran 3, había una pequeña posibilidad, tocaba correr.
Suarez provocó un penalty el cual Messi ni quiso lanzar, tal vez por la confianza con la que Neymar cogió el balón o bien por la falta de fe del argentino en este punto.
Como todos sabemos, lo marcó, y es que la fe mueve montañas y si algo tenía Neymar esa noche era fe en su equipo y en él mismo.

Ultimo minuto, otra falta sin sentido a la que Messi tampoco va, el cinco veces balón de oro estaba completamente fuera. Neymar saca, le regresa el balón, y se culmina la remontada en un movimiento que pese a durar apenas unos segundos fueron suficientes para levantar las criticas de varias radios españolas.
¿A qué nos referimos? Al recorte de Neymar cuando le llega el rebote, esa sangre fria de necesitar un gol, saber que es la última jugada del partido y atreverte a recortar a quien tienes en frente, teniendo 10 jugadores de tu equipo en el área.

Se hizo la magia, Sergi Roberto, estirado al máximo logró llegar a ese balón milimétrico de Neymar, un balón que parecía inalcanzable, que dejó parada a toda la defensa del PSG y que Sergi logró rozar con la puntera para marcar un gol que movería montañas.
Y es que movería montañas de forma literal, fue tal la alegría blaugrana que se registró un pequeño seismo en el Camp Nou algo anecdotico, sí, pero todo el mundo recordará la hazaña que consiguió el Barcelona.

La locura se desató, se consiguió, la remontada estaba hecha y no había tiempo para más que una jugada extra, que terminó en nada y el Barcelona estaba clasificado.

Quién sabe lo que pasó esa noche por la cabeza de Neymar, quién sabe por qué tuvo fe, pero la tuvo y con 2 goles, 1 asistencia y 1 penalty provocado, logró tirar de un equipo que hizo historia una vez más.

 

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